El demonio (1839), poema. Mijaíl Lérmontov

Tamara y el Demonio pintada en 1889, por e pintor ruso Konstantin Makovsky (1839-1915).y se basa en el famoso poema de Mijaíl Lémontov.

Mijaíl Lérmontov (1814–1841), “el poeta del Cáucaso”, fue la voz más poderosa de la poesía rusa tras Pushkin. Su obra, marcada por rebeldía y pasión por la libertad, dio origen a la novela psicológica y al realismo ruso. Autor de Un héroe de nuestro tiempo, El demonio y La muerte del poeta, murió joven en un duelo, dejando un legado inmortal en la literatura.

«Adjunto hoy algo que me ha costado mucho más que tiempo: la traducción del poema Demonio, de Mijaíl Lérmontov, y una reflexión que he escrito como introducción. Es un texto extenso, pero lo he elaborado con la intención de compartir no solo el resultado, sino también el proceso, porque para mí este trabajo no es una tarea académica más, sino una experiencia íntima y responsable.

Presentar esta traducción de Demonio es volver a entrar en una obra que me ha exigido no solo trabajo, sino también escucha, paciencia y una forma especial de respeto. Traducir poesía nunca ha sido un ejercicio mecánico. Es, más bien, una manera de acercarme a aquella voz ajena con la conciencia de que contiene algo que no se deja capturar del todo, pero que aun así merece ser buscado con toda la delicadeza posible.

En el caso de Demonio, esa búsqueda fue todavía más intensa. Se trata de un poema atravesado por la grandeza, la soledad y una extraña belleza herida. No es solo la historia de un ser caído, sino la expresión de una conciencia desgarrada, incapaz de reconciliarse consigo misma y con el mundo.

Mientras trabajaba en esta traducción, sentí muchas veces que el verdadero desafío no era únicamente encontrar el sentido de cada verso, sino también conservar su respiración interior, su música, su sombra. Porque en Lérmontov la poesía no dice solamente: canta, se resiste, tiembla.

Traducir este poema al español significó para mí entrar en diálogo con una obra que no admite una lectura superficial. Cada imagen, cada giro, cada pausa lleva una carga emocional y filosófica que obliga al traductor a ir más allá de la literalidad. Por eso entendí nuevamente que traducir no es reemplazar un original, sino intentar que vuelva a nacer en otra lengua sin perder su alma. Y sé bien que toda traducción es imperfecta; justamente por eso me parece una tarea tan humana. En esa imperfección hay búsqueda, riesgo y una forma de fidelidad que no es servil, sino creadora.

También comprendí que traducir poesía es una manera de escuchar mejor. Escuchar no solo lo que el poema dice, sino lo que calla, lo que sugiere, lo que deja vibrando entre un verso y otro. En Demonio, ese espacio entre la palabra y el abismo es esencial. Me interesaba, por ello, que la versión en español no suavizara la tensión del poema, sino que la sostuviera con toda su fuerza. Que el lector pudiera percibir, junto con la belleza del texto, su gravedad, su conflicto y su dimensión espiritual.

Esta traducción es, entonces, una lectura hecha con responsabilidad y también con afecto. La ofrezco como un intento de acercar al lector hispanohablante una de las voces más intensas de la literatura rusa, pero también como una experiencia personal de diálogo con la poesía, con la lengua y con el misterio de traducir. Porque traducir, al final, es aceptar que ninguna lengua basta por sí sola, y que solo en el tránsito entre una y otra puede aparecer algo nuevo: una forma distinta de verdad.

Como profesional formado en filología y en historia de la lengua rusa, soy consciente de cuán delicado es este equilibrio. Y como persona, sé cuánto significa poder ofrecer algo que nace de la pasión y del respeto. Por eso agradezco de antemano que dedique un tiempo a este material.

Adjunto el poema traducido y la introducción completa. Le envío mis más sinceros saludos, esperando que siempre sobre su cabeza haya un cielo seguro».

Valeria Viacheslavovna Bugorskaya.

Maestra de literatura rusa, Licenciada en filología rusa. Poesías en español. En colaboración para Valpoesía.

Mijaíl Yúrievich Lérmontov