
Por: Tania Lemarie Silva
La episteme filosófica como razón poética
«Heráclito y Nietzsche dialogan: todo fluye, todo retorna, y la poesía se convierte en razón poética, encarnando el devenir como experiencia viva.»
Si bien, Heráclito de Éfeso, “el Oscuro” no era poeta en el sentido rigoroso del término, como filósofo desarrolló su pensamiento en versos, usando aforismos, ritmos, palabras, un rol de oráculo-racional a través de la prosa poética. Y en este sentido, participo con y desde Heráclito, como mujer pagana y sagrada, la visión cosmogónica del origen del universo desde el fuego y la pulsión, así como, mujer filósofa, la idea de devenir de un tiempo que avanza ardiendo porque paradójicamente lo único permanente es el cambio: “Πάντα ῥεῖ”. Y me atrevo a especular, escribimos desde ese lugar… como un espacio y tiempo que se atraviesa, con experiencias que pueden ser similares pero que no se repiten y la mayoría de las veces, por este mismo motivo y otros más profundos y misteriosos, no se comprenden. Cito su FRAGMENTO 67 con el propósito de mostrar su prosa: “Dios es día y noche, invierno y verano, guerra y paz, abundancia y hambre. Pero se transforma como el fuego que cae, cuando está mezclado con perfumes, recibe nombre según el perfume de cada uno”, y de su FRAGMENTO 30: “Este mundo, el mismo para todos, ningún dios ni hombre lo hizo. Sino que ha sido siempre y es y será un fuego siempre vivo, que se enciende según medidas y se apaga según medidas”.
Entonces, en virtud de que todo deviene en este destino y no nos bañamos dos veces en el mismo río. ¡Todo arde!, porque nuestra esencia, nuestra identidad no es fija y podemos amar, perder, desear, odiar, morir, crear, ya que somos fuego, y como tal, nos trasformamos en sus diferentes estados: estados del alma… En mis poemas, todo fluye también, como mutación, como herida, como umbral y como refugio porque intento captar ese sublime instante que deja de ser lo que ya era siendo… En mi poesía, este devenir intenta ser experiencia encarnada: “Palpita la yema de mi extensión interna, trinando caramente como cuenta regresiva, al encuentro de una posibilidad, de una rotación vital…” en APERTURANDO AMORES.
Lo interesante, es considerar en esta reflexión, el logos que nos une y que permite como unicidad fusionar esos instantes a través del pensamiento, como un “logos místico”, que, a mi juicio, si es filosófico desde Heráclito porque “al alma pertenece el logos, que se acrecienta por sí mismo” (FRAGMENTO 115). Y parafraseándome para señalar que el logos no sólo ilustra ideas sino que las produce en acto, intentando resonar como expansión de mi ser, en EL ALMA NO OLVIDA escribo:
“En el hilo invisible que no se rompe, camino tus memorias como si fueran mías…”
Desde la filosofía y poesía de Nietzsche, quién nos habla del eterno retorno, vale decir, que además de que todo cambia, todo regresa. Vuelve el amor, el desamor, el dolor, la pérdida, la alegría, la sanación, en un ciclo, una y otra vez… como desafío ético, que nos obliga a ser mejores y como habitualmente declaro, nos impele a ser responsables de nuestra inteligencia. Nos preguntamos filosóficamente, ¿qué es la vida? sobrevivir… una pulsación… hay otro tipo de existencia…¿Qué es la verdad? o el conocimiento… o lo real… ¿podemos desde lo óntico y ontológico ir más allá del bien y del mal? Y desde esta perspectiva, me parece que la poesía nos ayuda grandiosa y profundamente, a expresar lo que no solamente sentimos sino también pensamos porque los conceptos estatifican-solidifican o reducen la dinámica de lo vital…, porque el lenguaje vigente puede ser subsidiado por ideologías, elites y moralinas tradicionales que limitan la libertad. Luego, por medio de nuestros versos podemos criticar, elogiar, argumentar y expresarnos con propiedad. La poesía genuina, auténtica y consecuente crea realidad, ¡superando la dicotomía de lo subjetivo y objetivo!, superando egos que no trasuntan trascendencia heroica como sabio(a) griego(a) y atrevernos inclusive a nadear nadeando.
De su texto DIONISO-DITIRAMBOS comparto el siguiente párrafo:
“Así me hundí yo mismo una vez,
Fuera de mi locura de verdad,
Fuera de mis anhelos diurnos,
Cansado del día, enfermo de la luz —
Hundido hacia abajo, hacia el atardecer, hacia la sombra.
Por una verdad
Quemado y sediento —
¿Aún recuerdas, recuerdas, corazón ardiente,
Cómo tuviste sed entonces? —
Que yo sea exiliado
¡De toda verdad! ¡Solo un necio! ¡Solo un poeta! …
Y de ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA, el siguiente texto: “El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, – una cuerda sobre un abismo… Yo amo a aquel cuya alma es profunda incluso cuando se la hiere, y que puede perecer a causa de una pequeña vivencia: pasa así de buen grado por el puente. Yo amo a aquel cuya alma está tan llena que se olvida de sí mismo, y todas las cosas están dentro de él: todas las cosas se transforman así en su ocaso. Yo amo a quien es de espíritu libre y de corazón libre: su cabeza no es así más que las entrañas de su corazón, pero su corazón lo empuja al ocaso. Yo amo a todos aquellos que son como gotas pesadas que caen una a una de la oscura nube suspendida sobre el hombre: ellos anuncian que el rayo viene, y perecen como anunciadores.”
En mi escritura este retorno es visceral, no algo abstracto para todas las condiciones necesariamente: “Amo y detesto esta sacudida de vacío y plenitud… en viaje constante” en NADA ENTONCES Y FUERA DENTRO. Y cabe preguntarse, desde mi razón poética con sentido y dirección ¿el amor es y/o existe? Desde mi libertad, ¿elijo vivir esta vida nuevamente… en una eternidad? Desde mi más profunda intimidad, no es conocer: amar. Y acaso, el amor no es reconocer en otro (a) lo que regresa… y desaparece la contingencia, para revelar sincronías y amor al destino -amor fati-.
Entre el fuego y el retorno, es dónde yace, aparece, susurra, silencia y empodera mi voz, como un cuerpo habitado por estas fuerzas que ni Nietzsche ni Heráclito declaran totalmente, pero yo sí. Y les advierto que se siente y piensa el devenir. Y les declaro, que el regreso en sus múltiples formas usualmente llagadas: se piensa y duele. Hay un fuego que arde y no quema, que templa cuándo el “νοῦς” a secas no alcanza y es la razón poética.
Por estas razones, la episteme filosófica que propongo no se funda en la estabilidad del concepto, sino en su movilidad, en la experiencia límite del sentido y de la intensidad del lenguaje posible: conjugar. En SOLVE Y COAGULA (el viaje del alquimista) escribo: “soy fuego que une piel y conjuga verbos, el deseo en creación y oración…”
Y entonces, tanto la filosofía como la poesía deviene en mí como declinación, cadencia, música de verbos y versos: “Existo mimetizada con todo, una fusión y eternidad complaciente…” en COMPÁS DE ESPERA sublimamos la dicotomía, la episteme poética no es irracional, sin trans-racional, no negamos el logos, sino que lo expandimos, a tal punto, que el amor, lo que desde mi razón poética coligo como amor… desaparece como categoría moral o psicológica para convertisrse en autoconocimiento. De LÍBIDO ÁLMICA: “Mi alma es una ola, mi alma es un cáliz, mi alma es un vórtice…” La razón poetica es necesaria porque hay dimensiones del ser que pueden ser pensadas sólo sintiéndolas y cuando hay conciencia, lucidez y fuego, es ya filosofía. Es en un eterno presente, Filosofía y Poesía Viva.
TANIA LEMARIE SILVA, nacida en Peumo, Chile, es licenciada en Filosofía, prorrectora del Colegio Inglés Saint John de Rancagua y miembro fundadora de la Red de Escritores de O’Higgins. Su obra transita entre poesía, ensayo y narrativa, explorando la relación entre pensamiento y sensibilidad.
Ha publicado el ensayo La enseñanza de la filosofía como “cura” del sentido de lo humano y de su puesto en la sociedad del conocimiento en la Universidad de Chile, y su voz poética aparece en antologías como Éxtasis de Placer y Tragedias de lo Divino y Aurora de elementales. En 2025 presentó su poemario Logos Místico, consolidando una escritura que conjuga lo espiritual y lo cotidiano en una búsqueda constante por revelar la alquimia del ser.


