
El libro, fusión de artes y oficios
Libro se define como una obra impresa, manuscrita o pintada cuyo sustrato considera una serie de finas láminas hecha de materiales tales como: papel, pergamino, vitela u otro material. Cada lámina u hoja es unida o encuadernada, por uno de sus costados. El contenido se protege con tapas o cubiertas, las cuales, generalmente, además de proteger. Es la presentación o primera entrada informativa. Su tapa posterior, también contiene, generalmente, información referente a la materia tratada o la autoría.
El libro es un recurso tecnológico y artístico mediante el cual se puede tratar infinidad de temas. Unesco, define un objeto como libro, si posee un promedio de veinticinco hojas mínimo (49 páginas), de lo contrario, se clasifica como folleto; la cantidad de cuatro páginas es considerada hojas sueltas. De manera práctica, en la industria editorial de libros impresos sobre papel, se considera exhibir la obra al lector de manera atractiva e informativa, teniendo en cuenta todos los ángulos que el ojo examinará y que una vez adquirido, habrá de ser exhibida en una estantería, en una biblioteca personal u otro lugar; por ello, cada parte entrega datos incluyendo el lomo (cuando cuenta con ello), aquel espacio que se designa para designar a la zona unión del empaste en donde se unen los fajos de hojas, las cuales se cubren con la hoja que ocupa la tapa frontal y que lleva el título de la obra, el nombre del autor, logo editorial, ilustraciones, fotografías o diseños para hacerlo identificable y atractivo.
Cuando la publicación es breve, como mencionamos, cuyo volumen de hojas es menor, en obras literarias como poesías o cuentos, y se unen las hojas generalmente con corchetes, se las clasifica como plaquette, palabra francesa que se refiere a pequeños folletos o publicaciones de tamaño pequeño. Generalmente, la extensión de una plaquette no supera las 30 páginas impresas en papel. Para que un libro pueda tener un lomo discreto, capaz de hacer legible y no tan pretencioso el nombre de la obra y autoría, se requieren un promedio de 80 páginas, con papeles interiores de al menos 80 gramos.
La cubierta frontal, también llamada portada, entrega la idea general del tema, se busca en su diseño de cubierta frontal y posterior, coherencia y síntesis entre la materia tratada y que el lector pueda identificar, a primera vista. La cubierta posterior se le llama contraportada. También se clasifica como «libro», a obras voluminosas o publicadas en varias unidades independientes, llamadas tomos o volúmenes.
Efectos socio culturales
El libro es, sin duda, hito clave en el desarrollo de la cultura humana e ineludible al momento de valuar su importancia para la memoria colectiva. Las sociedades ágrafas han transmitido de generación en generación relatos de su pasado y han sido el soporte a manera de «libro mnémico», funcionado y encajado la comprensión del tejido social humano que le ha dado forma. Testimonios orales, a manera de relatos, leyendas, mitos, entre otras fuentes de referencias, hubiesen sido olvidados o distorsionados en el transcurso del tiempo debido a factores como recambios generacionales, variaciones idiomáticas, e incluso, contaminaciones con relatos prestados.
La fuente primaria, si no se hubiese preservado y encapsulado mediante imágenes o textos escritos, es muy probable que no sobrevivieran. Si bien, para muchas sociedades el uso de la memoria, el lenguaje y la escritura son regalo divino, por ejemplo, los egipcios, para quienes los signos jeroglíficos tenían tal origen, y Thot, el dios cabeza de Ibis, era el gran patrono de esos signos. En las creencias egipcias la escritura tenía un intenso poder y una profunda fuerza mágica, dicho poder atribuido a los signos podía ser algo positivo, la palabra era entonces creativa y benigna, contrariamente, podía ser dañina y destructora. De allí que algunos libros tejieran mantos de magia positiva o negativa. Pero la boda entre texto e imagen contenidos en un libro es tema para abordar en otra oportunidad.
Cuando se desentrañan estas fuentes testimoniales, se abre el diálogo y se produce, entonces, el fenómeno de la lectura e interacción con los particulares pensamientos e ideas al ser codificados. Sin embargo, debemos hacer un distingo, si bien, mucha información está perpetuada en soportes fijos tales como cavernas, monumentos, estelas, etc., se distancian del concepto «libro», por cuanto no integran la movilidad o lo transportable.
En el largo devenir de los tiempos, testimonios culturales, han ido encajando los fragmentos del puzzle de la historia, reconstruyéndose, a través de recursos diversos. El pensamiento y las ideas de las diferentes sociedades que representan las fuentes de información, provienen tanto de documentos escritos; objetos materiales, muebles (utensilios, vestidos, etc.); inmuebles (edificios, esculturas, objetos de arte, entre otros); objetos de registro desde pinturas fijas, fotografías, etc. Posteriormente, se han ido sumando diversas tecnologías digitales que incorporan movimiento y sonido. Solo cambia el medio, el canal, el concepto es el mismo.
Influencia en los pueblos. Su majestad... El libro
El libro, como resultado de un ingenio humano, es la síntesis de una larga y mancomunada relación entre lo artesano y lo artístico; sin desconocer las variables geográficas, los elementos con los que se contaban y los procesos para dar con soportes o sustratos apropiados, a la vez, las herramientas para completar el proceso de pintar, escribir, preservar, apilar, etc. Toda una cadena constructiva en la que confluyeron variadas disciplinas para producir un todo de obra y composición. No entraremos en este breve espacio a detallar la historia del libro, que son materia de otro análisis y existe bastante información al respecto, pero sí vale el esfuerzo de celebrar a estas fuerzas creadoras ya fundidas en el tiempo.
Su majestad, el libro es el vehículo que ha contribuido a ser un reflejo de la sociedad como agente influyente; construyendo y deconstruyendo sociedades. Nada más cierto que el objeto-libro es la extensión del pensamiento y germen intelectual. No analizaremos los bienes y los males de esta, a veces, Caja de Pandora, pero en general, si abordamos el beneplácito de este ingenio, diríamos como el proverbio hindú:
“Las palabras vuelan, lo escrito se mantiene”. Cayo Tito
Escritura y libro (sin olvidar las imágenes), son fuerzas poderosas, el sonido (fonema) es encapsulado en un símbolo convenido por una sociedad (grafema); tal sonido equivale a una grafía, y forman un lazo indisoluble. En el acto de leer, se desencadena una reacción, en la cual, el sonido es liberado de su jaula gráfica y en conjunto con otros fonemas y respectivos grafemas, conforman el acto de leer a viva voz, en silencio o como el lector decida, se ha desencadenado la liberación de las ideas. Dejaremos de lado, por ahora, los soportes que determinan el «gesto de lectura», el cual, es otro tema muy interesante.
Las diversas culturas que se han esforzado por perpetuar sus memorias, recurrieron a incontables sistemas de comunicación, aportando al concepto de libro variadas formas, formatos, materiales, etc., muchos de belleza incalculable, de plástica magnífica, sería largo de tipificar y mencionar. En general, como sema o signo, en occidente y en gran parte del mundo, por su evidente masificación, tenemos la imagen mental del paralelepípedo, ya sea rectangular o cuadrado, es nuestro referente habitual.
Cerrando el círculo de este breve tema, nutriéndome del gran libro Internet, con referencias y notas en pro de economía de tiempo, no dejo de mencionar que, en todo este esfuerzo humano, se ha reclutado a escribas, amanuenses, impresores, tipógrafos, compositores, cajistas, artesanos, artistas, escritores, poetas, ingenieros, programadores, diseñadores y un largo etcétera, todos y cada uno de ellos merecen aplauso cerrado. Variados oficios y profesiones que, comenzando por pasos, dieron zancadas de desarrollo; desde la artesanía a la industria. El libro contribuyó a la masificación intelectual desde selectos grupos hasta el proletariado.
El mundo contenido en un puño, el puño contiene un libro
Los libros religiosos y científicos se han disputado las verdades humanas y divinas, aquello ha dado cuenta de diversidad de opiniones comprobables o no; tampoco he de profundizar el tema en estas líneas. Sin embargo, mencionaremos un libro exitoso por su gran cantidad de versiones, tanto en formatos como en idiomas; incontables reproducciones en forma de libro impreso de manera mecánica y análoga, dejando atrás los bellísimos e invaluables «amanuenses». Este hito revolucionario, vio la luz en Alemania con la llamada Biblia de Gutenberg, también conocida como Biblia de Mazarino, traducida del latín y conocida como la Vulgata.
Johannes Gutenberg, en Maguncia, Alemania, fue el pionero en occidente, en el siglo xv, fue su impresor y se la considera como el primer libro impreso a gran escala. La técnica utilizada fue usando una prensa con tipos móviles, abriendo la puerta a impresión masiva en Occidente. Si bien, cada página de texto fue impresa y reproducida, siguieron aún vigentes los cánones para la incorporación de imágenes, a la manera de los tomos salidos de las manos de los monjes iluminadores, hechos por especialistas, y al ser rubricados, les confieren la calidad de ediciones únicas.
Récord Guinness
De modo que, para el mundo y el pensamiento occidental, en general, a La Biblia, se le otorga el honor de ser «el libro de los libros». Más lejos de posturas de credos, es un libro que contiene atomizado el contenido espiritual, histórico, mítico, profético y mucho más.
Según datos obtenidos a la pregunta de cuál es libro más recurrido y reproducido en cuanto volumen impreso, los datos arrojan que a pesar de que en el mundo hay más de 150 millones de títulos de libros, según la Asociación Internacional de Editores (IPA), la Biblia ha logrado ser el escrito más vendido y famoso del planeta. Por su parte, The Bible Society asegura que en 500 años la Biblia es el libro con más impresiones en el mundo. Los datos también arrojan que, en conjunto con la tecnología, al crecer las tasas de alfabetización, también aumentó la producción de Biblias. Para 1815, el número total de Biblias impresas ascendía a alrededor de 1,300 millones.
Guinness World Records, en el año 2021, asegura que La Biblia se convirtió en el libro más reproducido en la historia. Desde el inicio del Siglo XXI, se estima que se imprimen 80 millones de ejemplares por año de la Biblia. ¡Ah!, una cosa más… No he considerado los millones de descargas en formatos electrónicos y lecturas en línea. No olvidemos que estamos en presencia de nuevas tecnologías para sociedades más rápidas y conectadas. Este exitoso libro simplemente se ha adaptado perfectamente A los cambios tecnológicos y espera nuevos e insospechados desafíos.
El libro como concepto contenedor de información es hijo de su tiempo al servicio de quien lo requiere. El libro ayer, hoy y mañana simplemente evoluciona y su futuro depende solamente de la sabiduría humana cuando busca ampliar sus fronteras.
Henry Chicago-Mancilla
Fuentes: El Correo UNESCO
https://www.infobae.com/


