Frida Kahlo

En la casa azul de Coyoacán, bajo el sol mexicano,

nació una mujer de fuego y pincel,

Frida Kahlo, nombre inmortal.

Desde joven, el dolor fue su sombra,

una columna rota, su eterna compañera,

pero en cada trazo de su arte,

encontró la voz de su alma guerrera.

Los colores de México vibraban en su paleta,

ríos de sangre y esperanza,

retratos de su propio tormento,

y en cada cuadro, una danza.

Amores intensos, entrelazados con la traición,

Diego Rivera, su gran tormento y pasión,

juntos crearon y se destruyeron,

como dos volcanes en eterna erupción.

En su arte, el surrealismo de su realidad,

un espejo de su lucha y su anhelo,

raíces profundas en su tierra natal,

y alas que la llevaban a un cielo.

Frida, la mujer que nunca se rindió,

con su ceja unida y su mirada feroz,

nos dejó un legado de resiliencia y dolor,

un canto eterno a la vida y su voz.

Así, entre pinceles y lágrimas,

Frida nos habla desde el más allá,

recordándonos que, en el sufrimiento,

también hay belleza que hallar.

Frida Kahlo, mujer, artista, leyenda,

tu espíritu vive en cada obra,

en cada corazón que te recuerda,

como la flor que florece en la sombra.