
Las mujeres que tenían la capacidad o la autorización para participar en el arte eran escasos a principios del siglo XX, ya que sus vidas y mundos se limitaban principalmente al hogar. A pesar de esto, la destreza artística de Celia Castro fue reconocida no solo por su talento sino también por su condición de la primera artista profesional en Chile.
Nació en Valparaíso, en el año 1860,fue en su ciudad natal, en que se encontró con el pintor Manuel Antonio Caro, él valoró sus habilidades en sus pinturas iniciales y le sugirió que se mudara a la capital para recibir capacitación formal de artistas. Celia se mudó a Santiago, donde estudió al menos con dos de los pintores más prominentes de la época: Pedro Ohlsen y más tarde, Pedro Lira, uno de los artistas más talentosos, sobresaliendo en motivos de paisajes, retratos y naturaleza natural a través de sus habilidades. Su estadía en Francia, le permitió mostrar su trabajo y perfeccionar su técnica.
A su regreso a Chile, Celia Caro exhibió su trabajo en la Exposición Universal de París en 1889, resultando obtener una medalla y consolidar su reputación en el mundo del arte.
El gobierno chileno le otorgó una beca para así, continuar sus actividades artísticas. En 1904, viajó con su mentor una vez más, y con este subsidio, se proclamó como la primera artista profesional en el país. Durante dos décadas, residió en Francia y fue elogiada como una artista reconocida. Regresó a Chile en 1927 y murió tres años después. en Valparaíso en 1930.
En el puerto de Valparaíso, un susurro de arte, nació Celia Castro, con mirada de estrella. Sus pinceles danzaron con sueños etéreos, capturando la esencia de una tierra bella.
A comienzos del siglo, en un mundo confinado, Celia rompió barreras, con talento y pasión. Bajo la tutela de maestros renombrados, forjó su camino, una artista sin condición.
Retratos y paisajes, naturalezas muertas, en óleo plasmados, con alma y devoción. Su arte era un canto, un eco distante, que resonaba en el tiempo, cual pura canción.


