Flor Imperial

Cinco Cartas, Cinco Estaciones y una Melodía de Lemy en “Flor Imperial” del poeta Alfredo Said.

Por Giovanni Astengo

El poeta tardío

En la historia de la literatura chilena, hay bastantes ejemplos de poetas tardíos, como Gonzalo Rojas con “Miseria del hombre” o Soledad Fariña con “El primer libro”, y eso no quiere decir que un primer libro de un autor novel, signifique una tabula rasa para entender la demora, que no tiene nada que ver con la desidia o una actitud “maldita”, sino más bien comprende un tiempo de búsqueda, experiencia vital y compromiso con la escritura desde la soledad, el secreto y una obra vívida y pispada, concebida desde la madurez del poeta.

Retazos de una memoria inconclusa.

“Flor imperial” (Editorial Carajo, 2021) Es la obra prima del poeta Alfredo Said, y ya nos advierte en el subtítulo de la primera parte del libro: “ (no puedes iniciar un capítulo sin cerrar el anterior )”, por eso el título de entrada es fundamental , para comprender en gran medida el texto “Aún quedan retazos de memoria”, nos advierte Said, y aunque yo me repita, vuelvo a decir “No hay tabula rasa”, hay un dominio impecable del lenguaje, sin retóricas, ni aspavientos, es una voz cercana y entendible, y atendible a la vez para el lector que buceará por estas hojas. El poeta sorprende con un poema llamado: “Todos íbamos a ser reinas”, donde masculiniza, y más que eso, integra a todos y todas, al famoso poema de Gabriela mistral:

Todos íbamos a ser reinas
pero ni a princesas llegamos.
Nunca nos quedó el maquillaje
y otros en bufones quedaron.

Este intertexto o conversación con la poeta de Monte Grande, es la muestra de esa sensación de desamparo y sueño no cumplido, pero aún más la clave es la identificación, con esa sensación huidobriana de “Éramos los elegidos del sol”, ese despojo, esa orfandad, esa miseria, esa infancia que pide a gritos ser reinas o reyes de algo, pese a la barba crecida, el efecto del vino o el tiempo no recobrado, sino más bien inconcluso. Otros poemas que llaman la atención en esta “Flor imperial”, son “Obsesión”, “Flor de cerezo” y “En cada página”, para nombrar algunos, que dan cuenta de la imposibilidad de la memoria como un círculo que no se completa.

Lo que se genera desde dentro.

La segunda parte de este libro es “Endógeno”, o lo que se genera desde dentro, y es un pequeño compilado de poemas “rotos”, por la rutina, el dolor existencial y esa sensación que venimos al mundo a vegetar: “Demasiadas noches he dormido/ Demasiadas tardes he dormido. Demasiadas amaneceres he dormido/ Demasiado cansancio, demasiado”, y como decía Jean Arthur Rimbaud “Progreso, porque no retroceder”, es el empobrecimiento del mundo y la opción de no operar en la sociedad del rendimiento. Me recuerda “Walking Around” , de Pablo Neruda, y algunos textos de Enrique Lihn. Aquí la opción de Alfredo Said, se torna radical, casi al modo de Antoine Roquentin, personaje de “La Nausea”, de J.P. Sartre. “Vi a la nieve retener/ los brotes nuevos que florecen”, nos dice, el hablante, trabando la puerta a cualquier atisbo de esperanza.

Bolero Falaz

No he dicho aún, que este libro no contiene una unidad temática estructural -tan de moda hoy- sino más bien cada parte del libro es un mundo distinto al otro, y en su conjunto configuran una metáfora mayor de una poética del Yo. El tercer capítulo “Boleros a la nostalgia”, está inscrito en la poesía amorosa, pero desde una visión cotidiana o mejor dicho de asuntos domésticos, desde un hablante más “fresco” o suelto en su configuración de este eros, donde la unión de los amantes opera en la funcionalidad de los caracteres, más que en la imagen de una “Venus en el pudridero” o una “Justine”, del Marqués de Sade. Escribe Alfredo:

Sus cajones se desbordan de cosas
y sobre el velador se acumulan otras.
Mi velador es simetría del caos.

Sexo, drogas y Rock’and roll.

“Bajo todos los climas y en todas las épocas, los medios de escapar, aunque fuese por unas horas, de su morada de barro (…) y de alcanzar de golpe el paraíso.” Escribió, Charles Baudelaire, en su libro de ensayos “Los paraísos artificiales”, y bien creo, que esta cita, define muy bien “Dulces vicios”, la cuarta parte del libro; donde el hablante, apuesta a la suerte del tahúr por ganar la mesa con una flor imperial, ganarle a los estados comunes, y a través de la puerta Exit, escapar de un mundo aburrido. Said, demuestra en este conjunto de poemas su visión más rockera, melómana y atenta al “desarreglo razonado de todos los sentidos” (Rimbaud). Evocando a Johny Cash o Lemy de Motorhead :

De todos los naipes de la baraja,
de todas las cartas para escoger,
elegí el As de picas. No por ser el primero,
no por alcance a mi nombre,
No sobresalió por su diseño,
no destacó por su color.
No fue por ser el Uno ni por estar sobre el mazo.
No fue por desamor ni por las otras caras del tarot.
No lo elegí por Lemmy,
No lo conservé por Maverick.
No lo guardé para mi muerte.
I didn’t choose it for a tattoo.
Manténganse en sus asientos, caballeros:
Flor imperial.

La siguiente parte del libro – a diferencia de “Dulces vicios”- El poeta, la denominó “Rosario y epitafios”, como si nos dijera, como Fray Luis de León: Qué descansada vida/ la del que huye el mundanal ruido. Se configura en lamentaciones sagradas, liturgias, oraciones y epitafios. Alfredo Said, rehace y reconvierte todo su material en una conversación estrecha con los poetas místicos alemanes y españoles, y que en cada parte de este conjunto llamada “Flor imperial”, sea tan diversa y polifónica, el mismo poeta nos responde esto –hasta, quizás sin saberlo- No hay poema. / Solo poesía.

Alfredo Said

Poema perteneciente al libro «Flor Imperial» (2021)

Texto y Edición: Alfredo Said

Voz: María Isabel Aránguiz