ROSER BRU Y LOS POETAS

La obra de Roser Bru (Barcelona 1923 – Santiago de Chile 2021), se encuentra impregnada de un halo poético en sí, ya sea en los trazos y manchas gestuales que construyen las imágenes de la serie de las sandías, como en sus retratos de Goya, Velázquez, Frida Kahlo y otros artistas.
Sin embargo, me detengo en su cercanía con los poetas, tal vez influenciada por la consabida hazaña del carguero Winnipeg -capitaneado por el poeta Pablo Neruda y su esposa la grabadora argentina Delia del Carril-, que la hizo arribar a esta Finis Terrae, en septiembre de 1939, exilio que le otorgó su hogar definitivo, luego de la época con su familia en París.
Desde este Nuevo Mundo por descubrir, nos trajo en su fértil imaginario la serie que incursiona en los retratos de poetas y escritores, utilizando óleo, acrílico, acuarela, grabado, dibujo y técnicas mixtas, incluso incorporando fotografías u objetos sobre el lienzo.
Así podemos incursionar en la serie sobre César Vallejo, el poeta hijo de sacerdotes españoles y abuelas indígenas peruanas, que antes de salir de su Santiago de Chuco natal, ya predijo el día de su muerte en versos salvajes: Me moriré en París con aguacero, /un día del cual tengo ya tengo el recuerdo. / Me moriré en París -y no me corro- / tal vez un jueves, como es hoy de otoño. / Jueves será, porque hoy, jueves, que proso / estos versos, los húmeros me he puesto / a la mala… y así fue, pero un día Viernes Santo, el 15 de abril de 1938. Los restos del bardo de Los heraldos negros y Trilce, descansan en el cementerio de Montparnasse, junto al bohemio barrio parisino.
También realizó retratos de Mistral, desde que era la descalza niña Lucila de Montegrande, hasta la enorme poeta trashumante por México, España, Portugal, Brasil, Italia y Norte América. Gabriela de perfil severo enfrentada a dos retratos fotográficos incrustados en el lienzo, o en tres cuartos, con un triángulo equilátero piramidal, que pareciera abrirse al enigma. Antigua figura del triángulo, señalando la fertilidad de la mujer, como haciendo énfasis en el deber de los recuerdos. Obras que han estado o se encuentran en el Museo Gabriela Mistral, de Vicuña, en galerías de Barcelona, o en el Hammer Museum, de California. También ilustró el libro: Gabriela Mistral, pasión de enseñar, publicado por Ediciones Universidad de Valparaíso, que recoge el pensamiento pedagógico de Gabriela, su visión de la educación, «la más alta de las poesías» y exalta: «no coloquéis sobre la lengua viva de los niños, la palabra muerta», dice la autora de Desolación y Tala, consciente de que un deterioro del lenguaje es también un empobrecimiento del ser.

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Con Neruda su relación siempre fue muy cercana y Edicions El Laberint, de Barcelona, editó: Pablo Neruda, diez odas para diez grabados de Roser Bru. Numerado y firmado a mano en verde por el poeta y en negro por la grabadora. De gruesas pastas texturadas, algunos lo han llamado “El libro secreto de Neruda”. Diez grabados en blanco y negro de Bru y diez odas de Neruda. Con detalles como la imagen casi imperceptible del sello de agua del doble pez, que se puede ver al trasluz. Edición limitada, a cargo de eruditos del coleccionismo. Fue obsequio para ciertas personalidades del mundo cultural y la diplomacia. Salió a la luz desde Barcelona en 1965 y hoy es difícil de encontrar, tan escaso como invaluable. El libro mide 43 x 53 cms., un formato gigante, con estuche y tapas duras, especial para lucir los diez aguafuertes de Bru. Al culminar la impresión y encuadernación, las planchas de los grabados fueron destruidas.
También fue cercana a Nicanor Parra y Enrique Lihn, que escribió sobre sus pinturas.
Contra el exilio y el olvido, retrata a Lorca, el poeta granadino de Fuente Vaqueros, frontal y en escorzo, con sus pobladas cejas arábigas que se unen al centro, y no duda en poner “Federico (1988-1936)”, a mano alzada sobre su cabeza, para confirmar su identidad.

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También inmortaliza al poeta Miguel Hernández en imagen duplicada con su pequeño retrato fotográfico al centro arriba, como asegurando que se trata del poeta y dramaturgo elevado por Dámaso Alonso a “genial epígono”, el pastor nacido en Orihuela y muerto en Alicante. Tierra de La Dama de Elche, misteriosa mujer oriental también estudiada y retratada por Bru.
Retrató a Kafka y Milena, autor y amante. Tal vez el primer acto de amor de Milena hacia Kafka haya sido traducirlo al checo, debió trasvasijar el alemán de Praga del autor de La metamorfosis, a su lengua natal. Ambos se movían en los círculos literarios de la época, ella tenía veinticuatro años y estaba casada con el escritor austriaco Ernst Polak. Se ven solamente en cinco oportunidades, cuatro de ellas en Viena, sin embargo, nada impidió a Frank escribir las más desgarradoras cartas de amor, y por ello nunca olvidaré cuando Roser Bru pega físicamente (no lo pinta) el sobre de una carta sobre la tela, entre ambos retratos, unidos virtualmente por la palabra.
Rimbaud, con sus ojos azules adormecidos por El Hada Verde de la absenta, el pelo desarreglado, la boca torcida sin sonrisa, retornando de “una temporada en el infierno”, el que ha perdido la juventud antes de llegar a la juventud. Imágenes cuya nostalgia perfora el alma, en variaciones con fondo rojo, azul, negro, con los trazos de la construcción del dibujo a la vista, haciendo más dramática y fuerte la expresión del poeta de la bohemia parisina, en su encuentro con Verlaine, semblantes alucinados y alucinantes, contra el reduccionismo analítico que sepultaba la tradición pictórica nuestra.
Discípula de Pablo Burchard, se vio más tarde influenciada por un estilo picassiano y más adelante por el catalán Antoni Tàpies, al que conoció en 1958. En esta línea de trabajo percibo como constante de su producción artística la elaboración de imágenes donde se producen cruces entre elementos de la biografía personal, la historia sociopolítica y la historia del arte, señalando como temas recurrentes la muerte, la pérdida, la memoria y la permanente asociación entre el pasado y el presente.
La conocí y compartimos la amistad con Nemesio Antúnez, Pepe Balmes, Gracia Barrios, Gustavo Poblete, Juan Egenau y otros grandes artistas visuales de su época. En Las Ramblas de Barcelona me presentó a Guayasamín y gracias a ese encuentro llegaron a mi colección dos portentosas obras dedicadas años después en Ecuador.
Roser ayudó a fundar el Instituto de Estética de la UC, mi Alma Mater, donde estaban siempre las huellas de su enseñanza vital que impulsó la neofiguración en Chile, la gestualidad elevada al grado que permite el accidente, la estrategia matérica del azar que recupera e integra como parte del todo.
A comienzos de los ochenta fuimos juntos a visitar a Delia del Carril, en su legendaria Casa de Michoacán de los Guindos, que había compartido con Neruda; en la habitación había una gran fotografía de los años en Madrid con Rafael Alberti, Lorca, Gerardo Diego, Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre, Luis Rosales, Vicente Aleixandre y otros grandes poetas españoles. Roser los identificaba y conocía perfectamente, me hablaba de ellos como si fuesen a entrar ahora mismo en este lugar y tiempo. En esos años la acompañé en el taller de grabado, donde su vitalidad despertaba, se engrandecía y conversamos hasta hace poco de las formas y fondos, los pinceles y la materialidad de los pigmentos y el simbolismo que representan, el objeto, la fotografía, el testimonio.

El poeta Theodoro Elssaca y la artista Roser Bru, inaugurando una nueva exposición en 2009

Hoy Roser ha partido, acompañada por la enigmática luna de sangre, como una perfecta mise en scène. Solamente quiero destacar su gran vocación y espíritu contemporáneo, actual, interesada por todo lo nuevo, algunas veces rupturista, pero con especial devoción por quienes nos precedieron, de allí su cercanía con Goya, Velázquez y otros grandes que fueron siendo parte de su impronta.
Fue una artista visual intelectual desde el arte, amante de los libros, de la poesía y de descubrir a sus autores. Una creadora que nunca soslayó la contingencia, la historia, los sucesos, la condición humana, el dolor de quienes han sido desplazados o han sufrido la usurpación de sus tierras, al contrario, integraba ese acontecer de forma natural en sus obras que hoy recorren el mundo.
Conocer a esta mujer luchadora hasta el final, ha sido una experiencia muy enriquecedora. Nuestra cercanía se vio influenciada en base a su devoción por retratar a poetas, verdaderos Homenajes que desfilan ante nuestros ojos. Obras que realizó de manera abundante, insistente, como un intento por traerlos nuevamente a nosotros, atravesando las edades, para ponerlos en la cúspide, en lo más alto, como decía Hegel y como ella lo confirma.

Theodoro Elssaca
Fundación IberoAmericana
para Valpoesía

Theodoro Elssaca: http://www.elssaca.cl/

Para conocer más de la gran artista visite: https://roserbru.cl/