Giovanni Astengo

Giovanni Astengo (1972) es poeta contemplativo, viajero por dentro, embarcado en una balandra, cuyo único mástil es la palabra ahondada con sensibilidad. Los versos propios son animados soliloquios a partir de sí y de otros autores, con quienes establece una continuidad vibrátil alimentada de admiración y desasosiego. Todos acogen consonancias y esquivez, especialmente de lo fugaz.
El recuerdo de un episodio, de un sitio, de alguien, bástanle a manifestar el estado anímico con que percibe el mundo y acepta definirse en él: soledad que únicamente en la reminiscencia pareciera coincidir consigo y, desde ella, la solvencia de los poemas. Y éstos son clave, incisiones en el pecho del tiempo, mientras la simultaneidad y los contrastes de la existencia continúan, multiplican variaciones que se comprueban en el tono interno y navegante:
Estas islas no son sólo un nombre/ ni siquiera un poema escrito en una sala de costura/ En esta isla los viejos piratas desertan/ y los locos bailan en las colinas al ritmo del amanecer/ Mientras yo temo desaparecer/ en los espejos de estos bares de Chile. (Isla desertores)

Tres espacios son distinguibles en la obra. El mar invita a esa travesía larga en el oleaje de la memoria y de los paradigmas emocionales; el territorio citadino con sus instalaciones revisitadas: Metro, bares, calles de coloquios y sorprendentes episodios de hallazgos que un libro, una pieza musical o el cine colaboran a ceñir momentos cuando algunos legaran un dicho, un gesto, una ausencia; el tercero—decisivo por demás– es la fragua interna del temblor poético. Es esta la encargada de acercar, en intensa escritura, la condensación de la conciencia que, en este libro, es evocar, sentir, comprobar, establecer vinculaciones y desbordar todo ello.
Al primer rayo del sol/ ya no estamos solos/ El milagro de una araña y un tulipán/ te dice que aún estás vivo y todo sigue en su lugar/ A primer rayo de sol/ rejuvenecen las hebras del tiempo/ y ya no estamos solos. (La araña y el tulipán)

Cierto, el poema es un espacio hasta donde convergen largos caminos, ásperas y plácidas topografías. En ese trecho de verso tras verso, en ese rito de escuchar la voz interior y de atesorar fragmentos de un gran manuscrito en desarrollo, muestran la existencia como un acontecer en penumbras, un enigma menesteroso de esclarecimiento. Un poeta como lo es Giovanni Astengo alcanza lo principal: el repertorio aludido o el reconocible–puntos de apoyo externo de sus textos– los convierte en resonancias y en propagación de emanaciones. Trasluces vibratorias.
Te amo en cada estación de Metro/ y en todas las playas/ No me gustan las señales de ruta/ aún así las sigo para encontrarte/ Te amo en cada parte/ porque cada parte es un universo en expansión.

Obra excelente. Que prosiga la travesía de esta balandra y de este poeta. “Y el ruiseñor de Keats que nunca dejará de cantar”.
Juan Antonio Massone

Tala ediciones, 2020